Entrevista a Fernando Villarroel, Socio Fundador

Entrevista a Fernando Villarroel, Socio Fundador

Fuente: Tell Magazine 

En el año 2009, para su cumpleaños, invitó a un grupo de matrimonios amigos a su casa en Marbella y les presentó este proyecto. A esas alturas, una “volada”, como él la define. Hoy Costa Esperanza es una realidad y busca seguir creciendo para ayudar a la gente de la Región de Valparaíso.

Hace más de cuarenta años que egresó del colegio Saint George, sin embargo perpetúa el lema que aprendió de niño: “Recte ad ardua”, es decir, derecho a lo difícil. Fernando Villarroel, ha tenido que sortear muchos obstáculos al frente de Costa Esperanza, como una forma de retribuir lo mucho que la vida le ha dado en pro de quienes menos tienen.

Oftalmólogo de la Universidad de Chile, casado con la pediatra Janet Bloomfield y padre de cuatro hijas, fundó esta corporación con el objetivo de brindar salud, educación y capacitación gratuita a los más necesitados de Costa Esmeralda, territorio que va desde el norte de Papudo hasta Ventanas, en la Región de Valparaíso.

Tras reunirse hace ya tres años, con un grupo de siete matrimonios amigos, nació este proyecto. Todos tenían su segunda vivienda en la zona y hoy son ellos mismos quienes conforman el directorio ampliado de la corporación. “El Consejo de Ancianos”, como Villarroel los llama, se reúne cuatro veces al año y analiza la factibilidad de nuevos proyectos, donde lo más importante es que sean autosustentables y de largo aliento.

“Se trata de una corporación abierta a toda persona dispuesta a aportar su experiencia y talento,  en una edad en que ya podemos dar más que recibir, porque nuestros hijos no están en la casa, no tenemos que pagar colegios y tenemos el tiempo y los medios para hacerlo”, dice Villarroel.

APROVECHAR LOS TALENTOS

Buscando ser un puente entre los que más tienen y los que menos, este grupo de profesionales liderados por Villarroel, con Eugenio Celedón de vicepresidente y el padre Gustavo Ferraris y la madre Karoline Meyer, como directores honorarios, busca dar respuesta concreta a las necesidades de tres municipios: Puchuncaví, Catapilco y Pullally. La meta es fusionar lo público con el aporte privado, para entregar un servicio de buen nivel y de forma gratuita.

“La gente tiene necesidad de dar, pero no sabe cómo y esta es una oportunidad de ayudar, pero de manera focalizada. En nuestra zona, por ejemplo, no tenemos jóvenes capacitados en turismo. Queremos resolver este problema y que la gente nos done su talento. Hay muchas personas de mi edad que se han venido a vivir a esta zona; por ende, esos son los talentos y la experiencia que tenemos que aprovechar”, cuenta Villarroel.

¿Cómo nace esta corporación?
Comenzamos de la nada con estos matrimonios amigos y cada uno empezó a ver las necesidades que había en el lugar, aprovechando lo público ya existente y sumando lo privado. En el caso mío, fui a hablar al consultorio con el director de salud y le presenté mi proyecto como médico. Quedaron fascinados, pues en la zona no hay oftalmólogo. También hablé con el alcalde y empezamos a hacer encuentros de Costa Esperanza, invitando a gente. Ya hemos hecho tres, donde damos a conocer este proyecto a particulares y vamos mostrando logros concretos.
 
¿Y se ha sumado mucha gente?

Actualmente somos como cien personas. Tenemos abogados, diseñadores y arquitectos, todos voluntarios. Lo más importante es que las personas se sientan motivadas a ayudar en Costa Esperanza. Se nos ha acercado mucha gente para proponernos proyectos y cuando les decimos que desarrollen la idea y nos la presenten no vuelven a venir. Muchos se quedan sólo en la intención, les da miedo tirarse a la piscina.

 

 LA “UAPO”

Teniendo claro que la mejor manera de dar a conocer la corporación es a través de sus obras y sabiendo de la necesidad de un médico oftalmólogo en la zona, Fernando Villarroel echó a andar UAPO: Unidad de Atención Primaria Oftalmológica.

Conocía cómo funcionaba la unidad pues la habían implementado años atrás en Recoleta, así que fue cosa de reunirse con la gente indicada y contarles la idea.

“Buscamos resolver en terreno los problemas primarios de la gente sin necesidad de ser derivados a servicios de oftalmología. Hoy en día estamos operando en tres municipios y ofrecemos un servicio de excelente calidad de manera completamente gratuita”, explica.

UAPO no sólo entrega la prestación médica, sino que además da los lentes y remedios para que el paciente resuelva inmediatamente su problema. A la fecha ya se han atendido más de mil personas en la zona.

Para ello han debido contar con el apoyo de los municipios, de las universidades que ofrecen sus alumnos en práctica para subsidiar la atención, de los laboratorios que entregan medicamentos y de las ópticas que dan los lentes. Una sinergia público-privada que hace que el sistema se vuelva tremendamente eficiente, con un 89% de resolutividad a nivel primario. Si el médico constata que el paciente tiene necesidad de cirugía, se le derivará  a un servicio oftalmológico y se hará un seguimiento que asegure su atención.

“Nació la idea de hacer algo docente-asistencial y buscamos alumnos en práctica de Tecnología Médica de la Universidad de Valparaíso. Nos contactamos con una profesora de la universidad y ella empezó a traer alumnos que se están especializando en oftalmología”, cuenta Villarroel.

Actualmente, seis alumnos de tecnología médica con una profesora trabajan los días miércoles, y los sábados Fernando Villarroel se traslada a la zona para ofrecer sus prestaciones. “Las patologías las veo yo y siempre voy acompañado por alumnos de medicina de la Universidad Mayor, que están terminando su curso de oftalmología”, cuenta Villarroel.

¿Y por qué no incorporan más oftalmólogos?
La doctora Clara Park me ayudó muchísimo al comienzo de este proyecto, pero desgraciadamente falleció el año pasado. Debo reconocer que me ha costado mucho reclutar gente. Pasa que los oftalmólogos jóvenes tienen sus casas, deben pagar colegios y nosotros no podemos ofrecerles un sueldo. En general, la gente no quiere comprometerse, ven esto como una volada, y cuando empiezan a ver resultados se interesan y te preguntan cómo pueden ayudar. Pero de ahí, muchas veces, no pasa.
Claro que eso no ha detenido los ímpetus y la convicción de Villarroel para quien ir “derecho a lo difícil”. Ya es parte de su ADN. Así que, sabiendo de la necesidad presente en otras comunas aledañas, creó también UAPO Rural, y hace unas semanas inauguró el primer contenedor donde funcionará el servicio portátil.  La idea es ir a lugares retirados y donde la gente normalmente no tiene acceso a un servicio oftalmológico.

Dado que Villarroel es el único oftalmólogo presente en el proyecto, ha creado sistemas que le permitan mejorar su eficiencia. “Vamos a implementar este UAPO rural con equipos tecnológicos de avanzada. Vamos a realizar tamizaje por fotos, es decir, el tecnólogo saca una foto, me la envía por telemedicina y yo informo si hay alguna patología. Estamos aplicando lo último de tecnología en la especialidad dando una atención completa y de calidad continua”, explica.

Gracias al aporte en equipos de la Clínica Luis Pasteur, de la óptica Reflejo de Viña del Mar, de muchos laboratorios y algunos privados, UAPO es un proyecto exitoso que, en enero, se trasladará a Catapilco y que hoy sirve de caballito de batalla para dar a conocer Costa Esperanza.

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